(Un pequeño cuento...)
Había una vez, una sudaca, que
decidió hacerse un viaje al medio oriente… Con la emoción previa del viaje se
puso a averiguar sobre las costumbre de la zona, pero, en ningún momento, se
percató de un pequeño detalle, que en
muchos lados el uso de LETRINAS era más común que el inodoro… Ella, en su
experiencia de viva rara vez había hecho uso de tal sanitario, por lo que le
faltaba práctica en su uso.
Ya en su viaje, consciente de su
poca experiencia con tal magnifico sanitario esquivaba cada oportunidad de
vaciar su vejiga en baños públicos y trataba de hacerlo en lugares donde
visualizaba un inodoro, ya que lo veía
muy complicado: agacharse…sostener el pantalón…colocar los pies donde indicaba
la letrina…tomar una pose de apertura bastante incómoda para su
costumbre…observar que el hueco a donde debía apuntar el chorro estaba por
debajo de la superficie del piso…tener en cuenta que pasado un nivel de
retención de orina el chorro sale con mucha potencia por lo que es más difícil
controlarlo…percatarse de que el sistema de cadena era una canilla, una jarra y
por ende dudar de la procedencia del líquido esparcido a los alrededores… y
siempre mantenía en su cabeza la idea de que Circo du Soleil podría hacer un
casting de contorsionistas en la zona y armar una buena compañía.
Un día de esos largos, con pocas
posibilidades de irte del trabajo temprano y con mucho ҁay encima, sintiendo
que su vejiga había llegado al máximo de la capacidad decidió arriensgarse y
vivir la experiencia de usar la tan temida letrina. Un momento donde los segundos eran
horas, y mientras se preparaba para que
el pantalón no tocara ninguna zona de alrededor de la letrina, ubicaba su
cuerpo para lograr pisar mas afuera de donde correspondía, debido a la
existencia de esos famosos líquidos de extraña procedencia y, en su cabeza hacía el cálculo entre la fuerza
de gravedad, la presión del chorro y la resistencia de sus músculos pélvicos
para mantener el equilibro durante toda la descarga, trataba de tranquilizarse
y dejar todo a merced del destino… Cuando ya no había vuelta atrás decidió relajar
los músculos necesarios para lograr la micción mientras mantenía contraído
todos los músculos de miembros inferiores para evitar caerse, y el musculo macetero
simplemente de los nervios, vivió una
experiencia única… mientras orinaba, las piernas le temblaban del equilibrio,
retenía una carcajada, que el liberarla solo iba a causar la pérdida de fuerza
y la poca capacidad de apuntar al hueco, entonces las lágrimas comenzaron a
brotarle, pero exitosamente pudo llevar a cabo el acto con solo la consecuencia
de un par de gotas salpicadas en la bota; que para final feliz de la historia, Alá
se compadeció de la experiencia de esta mujer y le obsequió una lindo chaparrón
en su camino de regreso a su hogar para que enjuagara sus botas.
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario