domingo, 4 de octubre de 2015

TIRO AL BLANCO


(Un pequeño cuento...)



Había una vez, una sudaca, que decidió hacerse un viaje al medio oriente… Con la emoción previa del viaje se puso a averiguar sobre las costumbre de la zona, pero, en ningún momento, se percató de un pequeño detalle,  que en muchos lados el uso de LETRINAS era más común que el inodoro… Ella, en su experiencia de viva rara vez había hecho uso de tal sanitario, por lo que le faltaba práctica en su uso.
Ya en su viaje, consciente de su poca experiencia con tal magnifico sanitario esquivaba cada oportunidad de vaciar su vejiga en baños públicos y trataba de hacerlo en lugares donde visualizaba un inodoro, ya que  lo veía muy complicado: agacharse…sostener el pantalón…colocar los pies donde indicaba la letrina…tomar una pose de apertura bastante incómoda para su costumbre…observar que el hueco a donde debía apuntar el chorro estaba por debajo de la superficie del piso…tener en cuenta que pasado un nivel de retención de orina el chorro sale con mucha potencia por lo que es más difícil controlarlo…percatarse de que el sistema de cadena era una canilla, una jarra y por ende dudar de la procedencia del líquido esparcido a los alrededores… y siempre mantenía en su cabeza la idea de que Circo du Soleil podría hacer un casting de contorsionistas en la zona y armar una buena compañía.
Un día de esos largos, con pocas posibilidades de irte del trabajo temprano y con mucho ҁay encima, sintiendo que su vejiga había llegado al máximo de la capacidad decidió arriensgarse y vivir la experiencia de usar la tan temida letrina.  Un momento donde los segundos eran horas,  y mientras se preparaba para que el pantalón no tocara ninguna zona de alrededor de la letrina, ubicaba su cuerpo para lograr pisar mas afuera de donde correspondía, debido a la existencia de esos famosos líquidos de extraña procedencia y,  en su cabeza hacía el cálculo entre la fuerza de gravedad, la presión del chorro y la resistencia de sus músculos pélvicos para mantener el equilibro durante toda la descarga, trataba de tranquilizarse y dejar todo a merced del destino… Cuando ya no había vuelta atrás decidió relajar los músculos necesarios para lograr la micción mientras mantenía contraído todos los músculos de miembros inferiores para evitar caerse, y el musculo macetero simplemente de los nervios,  vivió una experiencia única… mientras orinaba, las piernas le temblaban del equilibrio, retenía una carcajada, que el liberarla solo iba a causar la pérdida de fuerza y la poca capacidad de apuntar al hueco, entonces las lágrimas comenzaron a brotarle, pero exitosamente pudo llevar a cabo el acto con solo la consecuencia de un par de gotas salpicadas en la bota; que para final feliz de la historia, Alá se compadeció de la experiencia de esta mujer y le obsequió una lindo chaparrón en su camino de regreso a su hogar para que enjuagara sus botas.


FIN

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