“Desde que empecé a
dedicar tiempo a mis caos interiores, mis órdenes exteriores se volvieron más
caóticos”
Desde chica me atrajo la
mitología griega, nunca supe realmente porque, pero siempre tuve curiosidad por
saber cada dios, cada mito cada historia que se escondía detrás de tan magnífica
civilización. Me gusta leer sobre ella, aprender las historias de sus dioses
con las diferentes versiones, sus héroes, su semidioses, sus criaturas y monstruos
ctónicos, sus musas y todos sus personajes de fantasía. Mientras me deleitaba
(y me sigo deleitando) con cada cosa que aprendía le buscaba el porque a mi
admiración por la mitología, especialmente la griega (ya que después se fue
ampliando): mi infancia y su influencia por películas como fantasía, de más
grande y con un poco más de conocimientos adquiridos, la influencia que tenía
dicha creencia en el arte, la ciencia, la música, nuestro idioma e inclusive
dichos y frases que usamos a diario y que provienen de las diferentes leyendas
griegas.
Paralelamente yo vivía mi vida
haciendo cosas que me gustaban y que elegía, pero iba dejando en el camino
otras que me encantaban, apasionaban, porque pensaba que no era lo mio, porque
a las otras les dedicaba demasiado tiempo, porque me avergonzaba de ellos y
cuantas otras excusas que hubieran sido el desayuno y almuerzo de Froid.
Pasado el tiempo y ya transitando
mi vida adulta empece a notar que mi vida estaba bastante en orden pero que mi
interior era caótico. Que para sentirme bien necesitaba hacer otras cosas que
me apasionaban, y no por eso dejar lo que venía haciendo hasta ahora, e inclusive lo que elegía como mi profesión; simplemente dedicarle tiempo a esos
hobbies que siempre funcionaban como una terapia para mi alma (y mucho más
barata debo decir). Así notaba que mientras menos tiempo le dedicaba a mi vida y
a mí, más caos tenia en mi interior, pero a su vez notaba el orden que existía en
el exterior que me rodeaba (bordeando el TOC con cosas simples), ordenes que yo podía controlar pero que no me hacían bien. Era como una simple necesidad (y un
justificativo estúpido) de ver el orden por afuera porque por dentro no lo lograba.
Un día, de esos que tu cabeza
hace click gracias a diferentes cosas totalmente inesperadas que pasan en tu vida,
toco un fondo y decido ponerle fin a este desorden. Lo llamativo y hasta casual,
es que en la seguidilla de sucesos y gente nueva que cruzo en mi vida, y que sin
saberlo me hace dar cuenta de mi desorden interior, había muchas señales
provenientes inclusive de la mismísima Grecia.
Todo cambio es un proceso, muchas
veces no somos conscientes de ellos, e inclusive creo que rara vez tienen un fin
marcado. Por eso, esta semana llamo algo mi atención ...desde que le dedico un tiempo a
mi interior también se manifiesta en el exterior, he comenzado a permitirme el caos en el exterior y lo importante es que no me afecta, he inclusive tomándome el tiempo
para hacerme un auto-análisis introspectivo observé que mi interior esta menos
caótico y más en paz.
Es por esto que concluyo que cada
cosa en este mundo, por más ínfima que sea, es caordica, llevando en si una
parte de caos y una parte de orden.
Y citando a uno de los últimos libros de mitología griega que leí “Del Khaos*
nace el orden del universo y nunca podríamos llegar a un orden por la ausencia
de caos”.
Tratemos de
mantener el caorden en nuestro camino, encarando cada cosa de nuestra vida en el
equilibrio del caos y el orden que es donde las maravillas ocurren.
*Khaos: en algunos relatos cosmogónicos griegos es el dios primitivo anterior al resto de los dioses y el universo, de él nace todo.

