Ha habido situaciones donde
personalmente me he sentido más cómoda hablando o contando cuestiones
personales a extraños que a conocidos…
¿a quién me refiero con extraños?, no al
hombre de la parada de colectivo o a la mujer en la cola del super, sino a esa
persona que hace poco entró en nuestras vidas, que nos conoce pero no
demasiado, de la cual nosotros no sabemos ni siquiera su segundo nombre o el
apellido de la madre y menos sus gustos musicales y artísticos... y recordando estos momento empecé a
pensar porque??, porque, muchas veces, confiamos más en contar cuestiones muy
personales y emociones muy profundas a
esas personas recientes en nuestras vidas que a ese amigo o familiar que
conocen cada gusto, cada maña, cada locura, cada secreto e inclusive cada gesto
que hacemos y el porqué de ese gesto… y creo que es por eso, porque en cada cosa
personal que compartimos, sobre todo si buscamos algún tipo de consejo u opinión,
preferimos que nos la de él extraño que el conocido. Porque la objetividad
absoluta no existe, porque cuando contamos y compartimos algo que tiene una
fuerte carga emotiva para nosotros siempre, pero siempre daremos nuestro punto de vista, así
sea camuflado entre palabras y gestos, y trataremos de dar una historia
tendenciosa para nuestro favor o por lo menos, para que nos digan solo lo que
estamos dispuestos a escuchar. De esa forma, frente a un extraño, cualquier
opinión o consejo que recibamos, por más honesta que sea tendrá matices de lo
que queremos escuchar, simplemente para suavizar su impacto. En cambio, si la
misma historia la escucha alguien que conoce hasta nuestros micro gestos, sabrá
claramente cuando dejamos de ser objetivos para buscar un aliado de
sentimientos, cuando la carga emotiva es más fuerte que la realidad misma,
cuando los sucesos reales se convierten en relativos, cuando el hilo de la
historia esta contado teniendo en cuenta soló un punto de vista, generalmente
el nuestro… pero más allá de todo, al momento de escuchar las criticas u
opiniones, el conocido, por el mismo lazo de confianza y sentimientos, tiende a
darnos la opinión honesta por más que no nos guste (siempre y cuando la
relación sea sincera), ya que lo hace con mucha necesidad de ayudarnos y
guiarnos, pero como somos seres complejos, complicados, y sobre todo de lo mas
tercos y negadores ante cuestiones que no nos agradan, preferimos escuchar la
opinión del extraño que del conocido, total al final el extraño camufla la
verdad en su opinión y cuando pensamos más fríamente en todo, sabemos que el
extraño tenía razón y que el conocido nos hubiera dicho lo mismo pero con menos
sutileza, que quizás nos llevaría a la negación debido debido al golpe causado a nuestro ego.
Así que al final de cuentas, siempre
que queramos una opinión o ayuda, y estemos dispuesto a aceptar cualquier
respuesta, no dudemos en confiar en quien creamos, independientemente del lazo
que nos una, porque si la persona de verdad quiere ayudarnos, su opinión va a
ser honesta y no importa que tan chocante sea, siempre va a ser útil si
realmente aprendemos a escucharla y aceptarla.

No hay comentarios:
Publicar un comentario