domingo, 6 de marzo de 2016

¿POR QUÉ?, ¿CÓMO? Y ¿CON QUÈ FIN?


En uno de mis desayunos mientras leía un articulo publicado en un diario local, me llamo la atención la comparación que hacía entre las “nuevas” y “viejas” generaciones, y su forma de llevar adelante su vida. Generalizando, describía a las generaciones “viejas” como generaciones estables y poco cambiantes en sus proyectos, muchos a largo plazo y con una actitud “cabizbaja” para llevarlos a cabo, no por falta de creatividad e iniciativa, sino por un cierto temor a desafiar o  contradecir a las personas de mayor rango y/o jerarquía. Por otro lado, describía las “nuevas” generaciones como personas más atrevidas, con proyectos más dinámicos y arriesgados para la estructural social actual, donde inclusive el exponer sus ideas antes personas de mayor jerarquía no es considerado una falta de respeto sino una forma de intercambiar ideas y alimentar la creatividad desde diferentes puntos de vista.
Luego de leer este artículo y por experiencias mías o de allegados, me puse a pensar en las diferencias entre las generaciones “nuevas” y “viejas” al momento de relacionarse con pares. Y desde una opinión puramente personal y generalizadora, considero que a las “viejas” generaciones les cuesta ponerse en el lugar del otro negándose a la empatía y teniendo una visión subjetiva de los hechos. Mientras que las “nuevas” generaciones se dirigen hacia otro extremo, donde al relacionarse analizan demasiado todos los escenarios posibles, y hasta a veces los muy improbables, intentando cubrir todos los ángulos y estar preparados para cualquier eventualidad.
En mi opinión ambos extremos llevan a muchas veces complicar y no lograr una relación sana entre pares, haciendo que sea difícil el entender al otro o querer entenderlo a toda costa sin pensar en lo que uno también cree y defiende. Y creo que es necesario tratar de lograr un equilibrio donde podamos empatizar con el otro, tratando de entender el ¿porqué?, el ¿Cómo? y el ¿con que fin? de sus actos y decisiones sin dejar de considerar nuestras ideas y convicciones, y nuestros porqué, nuestro como y nuestro fin  en cada decisión que tomamos o cada acción. Y la mejor forma de  lograr ese equilibrio es comunicándonos entre nosotros preguntando primero el porque, como y con que fin sin juzgar previamente, pero más que nada preguntándonos y analizándonos a nosotros mismos nuestro porque, nuestro como y nuestros fines para poder hacérselo entender al otro.