Cada vez que a cualquier cosa se le agrega el adjetivo
soñado se piensa en algo bueno… pero pensando en el significado literal de la
palabra cualquier cosa soñada puede también ser tan mala como una pesadilla…
Erase una vez una mujer que vista
en la obligación de volver a sus obligaciones decidió emprender un viaje de
regreso a su residencia dejando atrás algunos seres queridos. Cuando llego el
momento de tomar ese tan poco querido colectivo decidió esperar a ser el último
pasajero en abordar para poder compartir unos segundos más con dichos seres, ya
que esos minutos aprovechados en su memoria serían años. Una vez que todos los
pasajeros habían subido al colectivo, notando que el colectivo iba totalmente
lleno, decidió subir. Cual escena de película de humor satírico, al subir al
colectivo, sus sentidos se activaron notando la ausencia de perfumes florares y
la fuerte presencia de hedores corporales, provenientes de un largo viaje o una
mala higiene… caminando por el pasillo entre los asientos, en búsqueda de la
numeración de su ubicación se percató del detalle de la ausencia de cualquier
otro asiento libre. Cuando se encuentra frente al número que decía su boleto, y
luego de un paneo general al colectivo chequeando más asientos vacíos, logra
notar que era el único asiento que quedaba libre en todo el colectivo por lo
que correspondía al suyo, sin lugar a duda. El detalle de esta situación era
que en el asiento acompañante venia viajando una persona con excesivo sobrepeso
ocupando todo un asiento y medio, por lo que su idea de descansar durante el
viaje para continuar con sus obligaciones se vio frustrada. Y con su mejor
voluntad se ubico en el medio asiento que restaba.
Ya comenzado el viaje, y con el
impedimento de no poder leer un libro por la falta de lugar para movilizarse,
decide entretenerse con la película del colectivo, de esas que fueron estreno
en el siglo anterior, con efectos especiales bastantes malogrados, sumándole la
baja calidad de la película debido a que provenía del pirateo, pero que por lo
menos, entretienen y hacen más ameno el viaje. Cuando la película llevaba 15
minutos de reproducción, su acompañante, por lo visto no conforme con la
película, saca de su bolso un televisor portátil y comienza a ver un partido de
futbol a un volumen lo suficientemente alto como para que todo el colectivo
escuchara el relator, y probablemente también escuchaban los colectivos que
pasaban por el otro carril. La desdichada mujer, ya con su paciencia un poco
más desgastada, le pide lo más amablemente posible que reduzca un poco el
volumen, descubriendo así que su acompañante escuchaba el partido a un volumen
tan alto debido que tenía disminuido su sentido auditivo. por lo que decide
acudir a diferentes técnicas de relajación, desde la visualización de imágenes
hasta pasar inclusive por el taichichuán con el fin de solo aumentar su
paciencia y cuidar su tímpano durante el tiempo que durara el partido.
Una vez terminado el partido de
futbol, no así la película, el señor decide reclinar su asiento para pasar la
noche, pero debido a su contextura física solamente la mitad de su cuerpo queda
reclinado y la mitad restante se acomoda sin pudor muy en el asiento del
acompañante incomodando aun más el viaje de la mujer. No siendo esto suficiente
para ganarse el odio de la viajera y logrando dormirse en un posición tan
incómoda, comienza a roncar libremente,
quizás producto de la posición tomada, con un ronquido que ella solo lo pudo comparar
con el sonido que emiten los elefantes
marinos en el proceso de apareamiento.
Una media hora después de que el
acompañante había empezado a roncar (y nunca había parado) al límite extremo de
su paciencia, y ligándose de arriba miradas de bronca y disconformidad por
parte de los demás pasajeros el colectivo frena en una terminal donde
descienden 2 pasajeros del asiento continuo. En ese momento sin pensarlo
demasiado, decide cambiarse al único asiento que quedaba libre (al otro había
subido otro pasajero nuevo) para intentar dormir un poco, ya que observando su
reloj ya había pasado la mitad del viaje, y con ello la mitad del tiempo para
descansar. Lamentablemente el asiento liberado estaba muy próximo al asiento dl
señor que plácidamente dormía por lo que los ronquidos no la dejaron dormir, ni
a ella, ni a muchos pasajeros del colectivo (se escuchaban continuamente quejas
e insultos).
Después de toda una madrugada de
viaje, sin poder pegar un ojo y llegando a su ciudad natal cercano a la hora de
trabajar, a la mujer no le quedó otra
que darse una ducha en su hogar e ir a su trabajo con bastante mal humor
acumulado que tuvieron que bancar los pares.
Hubiera sido preferible esperar
el próximo colectivo durmiendo en el piso de la terminal frio de la terminal,
que de seguro hubiera descansado mejor.
FIN
Cualquier parecido con la realidad...es puramente cierta.
Esta anécdota es atribuida a las deidades que decidieron divertirse un poco con la suerte de la mujer




