jueves, 11 de febrero de 2016

NUESTRO EXTRAÑO CONOCIDO




“El que realmente busca la verdad no puede aceptar ninguna doctrina, pero el que la ha encontrado puede admitir toda doctrina, todo camino, toda meta”. 

Siddhartha-Herman Hesse  

Nos pasamos toda la vida tratando de conocer al otro, comprender sus acciones y el porqué de cada una de ellas, ponernos en sus zapatos, simpatizar, empatizar, analizar y cuantas otras cosas para llegar a comprender al ajeno, siempre desde nuestro lugar y perspectiva porque, claro está, que es la única que verdaderamente tenemos y podemos manejar…pero ¿cuántos de nosotros nos tomamos el tiempo para conocernos a nosotros mismos?, para conocer ese extraño ser con el que convivimos día  día y que rara vez lo cuestionamos, criticamos, contradecimos, felicitamos o simplemente aceptamos. Vivimos en un mundo donde los hechos suceden a velocidades extraordinarias, donde el ritmo nos hace automatizarnos y muchas veces vivir en “piloto automático”, sin frenar ni un segundo a observarnos desde afuera y cuestionarnos cada acción y reacción propia. ¿Será por miedo?... ¿miedo a no estar de acuerdo con nosotros mismos?, miedo a que nuestras decisiones más personales no se adapten a las decisiones de la mayoría?, ¿miedo a encontrar más fallas que aciertos en nuestra forma de ser?, ¿miedo a entender que nuestra postura no es ni la a acertada ni la incorrecta, simplemente una postura más?, ¿miedo a salir de las estructuras y ser criticados porque nuestra persona quiere cosas diferentes al otro?... pueden ser tantos los miedos personales con los que uno se enfrenta que parece imposible enlistarlos en un párrafo. Por eso es mucho más fácil, cómodo, simple, o como quieran llamarlo, continuar en piloto automático siguiendo la corriente establecida en nuestro contexto social, cultural y hasta temporal para evitarnos ese gasto energético de comprendernos. Y es cierto que el cuestionarnos no siempre es  placentero, muchas veces es angustiante, penoso, irritable y hasta desgastante. Es cierto que es un largo camino y que quizás nunca terminemos de conocernos, porque somos seres complejos, adaptativos, cambiantes y maleables. Pero también considero que es cierto que una vez que tomamos ese camino nos es difícil abandonarlo, porque la curiosidad nos gana y queremos seguir analizándonos, queremos seguir comprendiéndonos y tratando de cambiar esas cosas que no nos gustan, manteniendo las que si nos gustan y trabajando sobre cada una de ellas. Porque más allá de que sea cierto o no (la verdad muchas veces es relativa), es hermoso el poder decir: esto es lo que soy, esto es lo que quiero para mi vida, está es la persona interior que amo.
A mi entender una vez que comenzamos el camino de autoconocimiento (guiados por la práctica, creencia y/o doctrina que prefiramos) se torna más simple el poder conocer al otro, o más bien, el poder entender y empatizar con el otro, porque por más compleja que sea la persona que queremos analizar, mucho más complejo somos nosotros mismos y muchas más herramientas tenemos para trabajar sobre nuestro ser.    

No nos dejemos llevar por la corriente, no digamos que si a todo simplemente porque la mayoría que nos rodea lo dice, no apresemos nuestras emociones a causa del miedo. Seamos quienes somos, vivamos como deseemos para lograr paz y porque no felicidad, en nuestro caos interior. Y de esa forma quizás también logremos aceptar un poco más al ajeno. 


Gracias a AT y TM!. Ambos grandes personas recorriendo su propio camino de autoconocimiento, donde horas y horas de charlas han sido inspiración para este blog. Un gracias extra para TM autor de la imagen que acompaña a este escrito.   

No hay comentarios: