“El que realmente
busca la verdad no puede aceptar ninguna doctrina, pero el que la ha encontrado
puede admitir toda doctrina, todo camino, toda meta”.
Siddhartha-Herman
Hesse
Nos pasamos toda la vida tratando
de conocer al otro, comprender sus acciones y el porqué de cada una de ellas,
ponernos en sus zapatos, simpatizar, empatizar, analizar y cuantas otras cosas
para llegar a comprender al ajeno, siempre desde nuestro lugar y perspectiva
porque, claro está, que es la única que verdaderamente tenemos y podemos
manejar…pero ¿cuántos de nosotros nos tomamos el tiempo para conocernos a
nosotros mismos?, para conocer ese extraño ser con el que convivimos día día y que rara vez lo cuestionamos,
criticamos, contradecimos, felicitamos o simplemente aceptamos. Vivimos en un
mundo donde los hechos suceden a velocidades extraordinarias, donde el ritmo
nos hace automatizarnos y muchas veces vivir en “piloto automático”, sin frenar
ni un segundo a observarnos desde afuera y cuestionarnos cada acción y reacción
propia. ¿Será por miedo?... ¿miedo a no estar de acuerdo con nosotros mismos?,
miedo a que nuestras decisiones más personales no se adapten a las decisiones
de la mayoría?, ¿miedo a encontrar más fallas que aciertos en nuestra forma de
ser?, ¿miedo a entender que nuestra postura no es ni la a acertada ni la
incorrecta, simplemente una postura más?, ¿miedo a salir de las estructuras y
ser criticados porque nuestra persona quiere cosas diferentes al otro?... pueden
ser tantos los miedos personales con los que uno se enfrenta que parece
imposible enlistarlos en un párrafo. Por eso es mucho más fácil, cómodo,
simple, o como quieran llamarlo, continuar en piloto automático siguiendo la
corriente establecida en nuestro contexto social, cultural y hasta temporal
para evitarnos ese gasto energético de comprendernos. Y es cierto que el
cuestionarnos no siempre es placentero,
muchas veces es angustiante, penoso, irritable y hasta desgastante. Es cierto
que es un largo camino y que quizás nunca terminemos de conocernos, porque
somos seres complejos, adaptativos, cambiantes y maleables. Pero también
considero que es cierto que una vez que tomamos ese camino nos es difícil
abandonarlo, porque la curiosidad nos gana y queremos seguir analizándonos,
queremos seguir comprendiéndonos y tratando de cambiar esas cosas que no nos
gustan, manteniendo las que si nos gustan y trabajando sobre cada una de ellas.
Porque más allá de que sea cierto o no (la verdad muchas veces es relativa), es
hermoso el poder decir: esto es lo que soy, esto es lo que quiero para mi vida,
está es la persona interior que amo.
A mi entender una vez que
comenzamos el camino de autoconocimiento (guiados por la práctica, creencia y/o
doctrina que prefiramos) se torna más simple el poder conocer al otro, o más
bien, el poder entender y empatizar con el otro, porque por más compleja que
sea la persona que queremos analizar, mucho más complejo somos nosotros mismos
y muchas más herramientas tenemos para trabajar sobre nuestro ser.
No nos dejemos llevar por la
corriente, no digamos que si a todo simplemente porque la mayoría que nos rodea
lo dice, no apresemos nuestras emociones a causa del miedo. Seamos quienes
somos, vivamos como deseemos para lograr paz y porque no felicidad, en nuestro
caos interior. Y de esa forma quizás también logremos aceptar un poco más al
ajeno.
Gracias a AT y TM!. Ambos grandes personas recorriendo su propio camino
de autoconocimiento, donde horas y horas de charlas han sido inspiración para
este blog. Un gracias extra para TM autor de la imagen que acompaña a este
escrito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario