Cuando era chica mi papa solía
decirnos que siempre usáramos las “palabras mágicas”: por favor, perdón y gracias. Yo siempre lo tome como una
forma didáctica de enseñarnos reglas básicas de educación, aunque al día de
hoy, un poco (bastante) más grande tiendo a pensar que llamarlas “palabras
mágicas” contiene más significado que un método de enseñanza. Ya que son palabras,
que a mi parecer, dichas con verdadero sentimiento (y no como respuesta automática)
contiene una “magia” importante.
Cada vez que decimos “por favor”,
estamos pidiendo ayuda, estamos dejando de lado ese orgullo que todos tenemos y
que a veces nos cuesta dejar atrás. A algunos más, a otros menos, pero siempre
sabiendo que estamos pidiendo algo esperando obtenerlo y que consciente o inconscientemente,
le debemos un favor a quien brinde esa ayuda. Y por más que esa ayuda llegue sin
esperar nada a cambio, nosotros desde nuestro ser sentimos que quedamos en “deuda”,
lo cual hace que se cree un vinculo, un vinculo “mágico” que siempre y cuando
lo cuidemos puede llevar a hermosas situaciones.
Cada vez que decimos “perdón”
estamos reconociendo un error, haciéndonos cargo de una falta o disculpándonos por
hechos que no teníamos intención de hacer o que en su momento, no supimos medir
las consecuencias. Pero más allá de la acción de pedir perdón, para mí lo
importante es lo que produce en uno el hacerlo. Es saber bajar la cabeza, dejar
de lado la soberbia y arrogancia y reconocer nuestra propia falla, crecer más
como ser humanos, sabiendo hacer “mea culpa”, y sobre todo dándole más
importancia a la relación o vinculo con la persona a la cual le pedimos perdón,
siendo muchas veces nosotros mismos, que a nuestro propio ego. Por eso creo que
siempre que se pide perdón, realmente de corazón, se genera una “magia” que
hace imposible romperse el vínculo y llena nuestro corazón de una paz deseada.
Cada vez que decimos “Gracias”,
estamos reconociendo una buena acción y realmente estamos valorando lo que
hemos recibido, por eso el decir gracias muestra que somos capaces de fijarnos
y apreciar lo que tenemos, lo que recibimos y de quienes nos rodeamos, creando
una “magia” en nosotros mismos que nos hace salir de nuestro encierro, y ver
que estamos rodeados de hermosas experiencias.
Por eso mi idea es cada vez que
digamos estas “palabras mágicas”, que no sean solo por educación, que realmente
pensemos su significado, que valoremos su importancia y que aprovechemos su “magia”
para salir de nuestra perspectiva y veamos que cada hendija de luz de cada
situación que vivimos es el principio de un montón de hermosas experiencias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario