En uno de mis desayunos mientras leía un articulo publicado en un diario
local, me llamo la atención la comparación que hacía entre las “nuevas” y
“viejas” generaciones, y su forma de llevar adelante su vida. Generalizando,
describía a las generaciones “viejas” como generaciones estables y poco
cambiantes en sus proyectos, muchos a largo plazo y con una actitud “cabizbaja”
para llevarlos a cabo, no por falta de creatividad e iniciativa, sino por un
cierto temor a desafiar o contradecir a
las personas de mayor rango y/o jerarquía. Por otro lado, describía las
“nuevas” generaciones como personas más atrevidas, con proyectos más dinámicos
y arriesgados para la estructural social actual, donde inclusive el exponer sus
ideas antes personas de mayor jerarquía no es considerado una falta de respeto
sino una forma de intercambiar ideas y alimentar la creatividad desde
diferentes puntos de vista.
Luego de leer este artículo y por experiencias mías o de allegados, me puse
a pensar en las diferencias entre las generaciones “nuevas” y “viejas” al
momento de relacionarse con pares. Y desde una opinión puramente personal y
generalizadora, considero que a las “viejas” generaciones les cuesta ponerse en
el lugar del otro negándose a la empatía y teniendo una visión subjetiva de los
hechos. Mientras que las “nuevas” generaciones se dirigen hacia otro extremo,
donde al relacionarse analizan demasiado todos los escenarios posibles, y hasta
a veces los muy improbables, intentando cubrir todos los ángulos y estar
preparados para cualquier eventualidad.
En mi opinión ambos extremos llevan a muchas veces complicar y no lograr
una relación sana entre pares, haciendo que sea difícil el entender al otro o
querer entenderlo a toda costa sin pensar en lo que uno también cree y
defiende. Y creo que es necesario tratar de lograr un equilibrio donde podamos
empatizar con el otro, tratando de entender el ¿porqué?, el ¿Cómo? y el ¿con
que fin? de sus actos y decisiones sin dejar de considerar nuestras ideas y
convicciones, y nuestros porqué, nuestro como y nuestro fin en cada decisión que tomamos o cada acción. Y
la mejor forma de lograr ese equilibrio
es comunicándonos entre nosotros preguntando primero el porque, como y con que
fin sin juzgar previamente, pero más que nada preguntándonos y analizándonos a
nosotros mismos nuestro porque, nuestro como y nuestros fines para poder
hacérselo entender al otro.

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