Hace un año atrás tuve la posibilidad de vivir en un país del medio oriente, mas específicamente Turquía, en una ciudad no tan turística ni tan grande por lo que pude convivir con las costumbres y las mujeres de su cultura sin tanta contaminación occidental.
Siendo argentina, criada en una familia
pseudo-católica, de costumbres más bien heredadas de generación en generación
que adoptadas por creencia propia (de esto soy consciente después de esta vivencia)
y sin haber tenido antes la posibilidad
de interaccionar con otras culturas, al principio la experiencia me chocó. No
de una forma catastrófica ni negativa, simplemente un cambio en mi vida. Los
primeros meses me sorprendía, los meses siguientes me daba curiosidad y hasta
me hacía tratar de ver cada cosa y costumbre desde un punto de vista más
objetivo (muy difícil y, a veces, hasta imposible lograrlo) tratando de no
prejuzgar y simplemente entender o aceptar.
Siendo yo una mujer bastante independiente y
feminista imaginen que lo que primero me llamó la atención fue el trato, las
costumbres y la forma de vida del sexo femenino en dicha cultura. No niego que
primero juzgue, pero con el paso del tiempo y charlas de por medio mi visión
fue cambiando… y hoy en día pienso que todo gusto costumbre, trato, rutina etc.,
etc., etc., se basa simplemente en estructuras sociales.
Ya de vuelta en mi país, en una red social vi
una imagen que resumía la idea que me iba formando en mi cabeza: Todo depende
del punto de vista y de las estructuras sociales que tenemos en nuestra mente…
Una tarde de fin de semana, con compañeras de
piso, entre ҁhai, kraker y lokum (si la escena hubiera sido en córdoba sería
mates, criollitos y facturas) les pregunte porque usaban el eȿap en su cabeza
(pañuelo que cubre toda su cabeza dejando a la vista el rostro) y las
respuestas fueron variadas: -“desde chiquita lo uso acá es muy común”-, -“por
costumbre, en mi familia todas lo usan”-, -“por la religión”- , -“es una
cuestión de elección, yo elijo no usarlo”-, entre otras, pero ninguna sabía a
ciencia cierta el porqué de la costumbre y a mí me seguía la duda de que
significaba. Más allá de que podía buscar la información en libros o internet, note
que mucho no importaba el porqué en la mayoría de ellas, simplemente era una
cuestión de tradiciones, que llegando a cierta edad (pubertad), podían elegir
si seguir usándolo o no, y algunas de ellas, por costumbre más que por creencia
decidían seguir usándolo. Hasta me llamo la atención que tenían varios (y
cuando digo varios solo una mujer entenderá que varios significa nunca
suficientes) de distintos colores y estampados donde era todo un reto
combinarlo con los zapatos, la cartera y toda la vestimenta (algo que a veces
se nos complica por mas lleno que este el placard, imaginen sumarle a la
combinación un accesorio mas: todo un nuevo reto para mi) pero las que
continuaban usándolo no criticaban a quien lo usaba y viceversa. Yo hacía la
analogía de quien le gusta usar sombrero y quien no.
Otra cosa que me llamo la atención fue: una
tarde en la que yo estaba buscando un negocio especifico, una mujer de aprox 35
años se ofreció muy amablemente a llevarme en su auto hacia dicho negocio (que
quedaba a 30 minutos en auto), en pleno viaje, entre charla, ella me comenta
que había estado en argentina un par de años atrás y su comentario me sorprende:-
“me llamo la atención lo alegres que son las mujeres argentinas”-. Yo sin
entender bien a qué se refería ni en que se basaba dicha imagen le pregunte
porque y ella respondió: -“cuando están en grupos siempre hablan en vos alta,
carcajadas fuertes, sonríen y son muy expresivas”-. Ese comentario me quedo
sonando en mi cabeza y empecé a hacer memoria de mis juntadas con mis amigas y
a comparar con las juntadas entre amigas del lugar donde estaba. Note diferencias
como: entre ellas se respetaban y esperaban su turno para hablar (no a los
gritos y al mismo tiempo como hacemos nosotras), y sus actitudes eran más
tranquilas, de mayor timidez y menos
extrovertidas.
Hoy en día recuerdo alegremente esta
experiencia y mantengo comunicación con muchas de ellas. Donde pienso, ellas no
son menos alegres, simplemente sus costumbres son diferentes a las nuestras, y
están en la estructura social que cada uno habita. Sus actitudes y forma de
expresarse varían mucho con las nuestras, pero ninguna de ellas me parece menos
alegre, menos demostrativa o insignificantes. Muchas de ellas son tan
independientes como nosotras al momento de decidir algo, pero simplemente su
rango de posibles escenarios es muy diferente a los nuestros y por eso nos
cuesta tanto entender sus acciones, como ellas las nuestras. Es decir, no las considero
más tristes (haciendo contrapartida al comentario de la señora) pero si mas
perfil bajo, que me hizo entender lo que la señora me había querido decir, quizás
no que eran más alegres sino mas extrovertidas y quilomberas (por ponerle un término).
Y al fin y al cabo todo depende de las estructuras sociales, las
representaciones mentales y del ángulo desde donde se mire.


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